El Gustavo Petro presidente es distinto al Gustavo Petro senador o alcalde: el político destacado durante 30 años por su vehemencia y enfrentamiento con los poderes tradicionales está apostando obsesivamente por el diálogo y el consenso.

«Quiero una Colombia fuerte, justa y unida», dijo en su toma posesión. «Los retos y desafíos que tenemos como nación exigen una etapa de unidad y consensos básicos».

Entre esos desafíos está, por supuesto, la violencia. Y para acabar con ella Petro se ha acercado, contra de todo pronóstico, a la derecha más extrema.

El Petro candidato supo representar las demandas de millones de colombianos pobres que fueron postergadas por lo que llaman en Colombia el «establecimiento»: la lucha contra la desigualad, el clientelismo y la violencia.

Pero para abordarlas, y para que se resuelvan con éxito, el Petro presidente necesita a esa clase política, mediática y empresarial que controla el país.

Por eso la metodología de los consensos permea todo su gobierno: el gabinete tiene gente de casi todas las tendencias y en la coalición legislativa hay partidos conservadores y tradicionales.

Al día siguiente de su elección, Petro se reunió con viejos enemigos: su contrincante en segunda vuelta, Rodolfo Hernández, y el líder de la derecha, el expresidente Álvaro Uribe. Se tomaron fotos que antes parecían impensables.

Le auguraban una gobernabilidad débil, pero la bancada oficialista ha logrado aprobar importantes leyes para cuidar el medio ambiente, dialogar con criminales y subirles impuestos a las empresas y a los ricos.

También ha lanzado unos multitudinarios «diálogos regionales vinculantes» que convocan a las comunidades en busca de soluciones de infraestructura, orden público y transparencia.

Muchos, sin embargo, lo ven como estrategia: lo acusan de usar tácticas políticas de antaño, la llamada «mermelada» clientelar, aunque sus aliados lo justifican con que «las reformas, para que sirvan, necesitan consensos entre adversarios».

En todo caso, al político que calificaban de «arrogante», «terco» y «déspota» le dio por la fraternidad cuando llegó a la presidencia.

Y para dos de sus promesas más ambiciosas, la reforma agraria y la paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), Petro llamó al empresario, líder ganadero y político José Félix Lafaurie.

Lafaurie aceptó la invitación: será uno de los negociadores del gobierno en el proceso de paz con el ELN, que se inició esta semana en Caracas, y firmó un crucial y generoso acuerdo para que el Estado compre 3 millones de hectáreas de tierra a ganaderos que esperan ser repartidas entre campesinos.

Durante 40 años Lafaurie ha hecho política en contra de todo lo que Petro representa: los diálogos de paz, la redistribución de la tierra y el asistencialismo del Estado.

Si Petro en el pasado dijo que los ganaderos eran «narco latifundistas expropiadores violentos de campesinos», Lafaurie dijo que Petro era «nazi», «asesor de Chávez» y «terrorista».

Ahora el tono es distinto.

«Petro ha demostrado que su administración será de diálogo y concertación», justificó Lafaurie en estos días. «Ha abierto escenarios… quienes estamos en la otra orilla, lo que nos corresponde hacer es ir a esos espacios y construir en la dirección que ellos proponen, pero también por supuesto bajo los criterios que uno crea que debe aportar».

Uribe, viejo amigo del ganadero, celebró la iniciativa: «Su participación puede contribuir a aproximar un aceptable nivel de acuerdo nacional sobre el tema, que requiere reflexión y hechos de paz del ELN».

Durante el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre 2012 y 2016, la implacable oposición del uribismo generó escepticismo entre millones de colombianos, que en su mayoría votaron en contra del acuerdo en un plebiscito.

«En el caso de las FARC, el acuerdo nacional se nos negó cuando lo solicitamos a raíz del triunfo del no en el plebiscito», dijo Uribe. «No hubo paz, pero sí más narcotráfico, más violencia y más polarización política».

Petro, de alguna manera, coincide, y espera que la adhesión de Lafaurie a la mesa de negociación le dé legitimad al acuerdo que se llegue a firmar con el ELN.

Por: Daniel Pardo