«Cuando se enseña mal, se aprende mal» y los resultados no pueden ser los mejores. La feria que hace poco culminó, deja un manto de dudas en el ambiente, pues se requiere un minucioso análisis y cuidado.

Veo con gran preocupación, cómo los aficionados que asistieron a la recién terminada feria de Manizales, a la cual no asistí por diversos motivos, se han convertido con el paso del tiempo en «testigos mudos del desarrollo» de una tauromaquia enferma, decadente desde hace mucho tiempo.

El toreo en general, requiere de una auditoría en la cual intervengan «auténticos profesionales de la gestión taurina«, que con la intervención de autoridades legítimamente establecidas, se encarguen de velar y vigilar todo el funcionamiento trasparente en todas sus formas y normas.

La gestión actual de la empresa, Corporación Plaza de Toros de Manizales (Cormanizales), necesita una urgente renovación, un refresco que le de una auténtica transparencia en en todas sus funciones, desde la presentación de los carteles anunciados, hasta su relación con los aficionados, quienes al final, son los que sostienen dando viabilidad a un desarrollo serio y auténtico. Dentro una plaza como la de Manizales, se tiene un mayor desafío, sobre todo cuando se ostenta el título de la «mejor feria de América»; lamentablemente, de unos años para acá, ha venido decreciendo la buena gestión.

En esta última, por falta de voluntad de quienes llevan la administración, pues salen a la venta sus abonos y nada más… o solo unos cuantos mal llamados «cursos prácticos», de una «Escuela Taurina» que es sólo un pálido reflejo de lo que debe ser una «Auténtica Escuela», en donde todavía llegan niños con sus padres, llenos de ilusiones, pero lamentablemente, algunos se marchan sin haber tenido nada claro y con una gran desilusión.

Se dice que «las cosas se parecen a su dueño», y en este país, hay cosas que parecen ser diseñadas para que salgan de cualquier manera, mostrando absoluta mediocridad. Hay sectores que solo se mueven y velan por sus pretensiones personales, ignorando olímpicamente, su función de auténticos servidores, en el caso de la plaza, urge un cambio al servicio de una afición que ha sido fiel y ha depositado toda su confianza.

Por: Mario Moreno