El demócrata Joe Biden y el republicano Donald Trump lograron ya los delegados suficientes en las primarias para asegurar sus candidaturas presidenciales en Estados Unidos. Pero, una parte considerable de estadounidenses no se siente conforme.

El 67% de los jóvenes en Estados Unidos está cansado de ver los mismos candidatos presidenciales y quiere otras opciones, según una encuesta nacional hecha por Reuters. Incluso, el 58% de los votantes entre 18 y 34 años no está seguro si saldrá a votar en las elecciones del 5 de noviembre, de acuerdo con un sondeo de Axios.

“No estoy contento con estas elecciones ni con ninguno de los candidatos y creo que muchos sienten lo mismo. Sentimos que en algún momento el sistema nos ha defraudado como votantes y estadounidenses”, dice Joe Gentle, director de cine y dueño de una empresa de mercadeo en Michigan.

El descontento juvenil lo confirma otra consulta, del centro de investigación Pew, publicada el 19 de marzo, que muestra que, aproximadamente, cuatro de cada diez adultos de entre 18 y 29 años (41%) tienen una opinión desfavorable tanto de Biden como de Trump.

Los jóvenes son importantes de cara a la elección porque en 2024 la generación Z -que incluye, en general, a los nacidos a mediados de la década del 90- representará más de 40 millones de potenciales votantes, entre ellos 8 millones de jóvenes que alcanzaron la edad de votación en 2022. Con los jóvenes ‘millennials’, estos representan casi un quinto del electorado estadounidense y son una gran fuerza electoral este año.

Esta población fue clave en la elección de medio mandato del 2022, cuando evitó que los republicanos tomaran el Poder Legislativo; y en la elección presidencial del 2020, el demócrata Joe Biden, ahora presidente y aspirante a la reelección, a sus 81 años, ganó el voto joven por más del 20%.

Los temas más sensibles ahora para ellos son el apoyo incondicional de Washington a la campaña militar de Israel en Gaza, cuestionada como «genocida» por varios países, los derechos reproductivos de la mujer, la deuda estudiantil y la inflación. En tanto, la edad de los candidatos y la falta de opciones de aspirantes presidenciales no inspiran a los votantes jóvenes a acudir a las urnas y acrecientan los riesgos de la abstención.

Los derechos reproductivos de la mujer
Stephanie Servin, votante de Detroit, intentó abortar cuando vivía en Polonia, pero las leyes restrictivas contra el aborto de ese país pusieron en riesgo su vida. Sufría de sangrados durante su embarazo y esto la obligó a viajar a Holanda, donde el turismo para abortar es muy común. Ella tuvo los recursos para poder viajar,

‘Lo que veo en EE. UU. es una inminente revocación de nuestros derechos constitucionales al aborto. Nuestras leyes reproductivas están cada vez más en riesgo y hay un gran estigma y criminalización por tomar decisiones sobre nuestra propia vida’, dice Stephanie.

Una de cada 5 personas que abortaron en la primera mitad de 2023 (más de 92.000) viajaron a otros estados de EE. UU. para recibir la atención, según un informe del Instituto Guttmacher.

Antes de que la Corte Suprema de EE. UU. revocara el derecho federal al aborto, menos de 1 de cada 10 personas viajaba entre estados para poder abortar. Hoy, 16 estados prohiben el aborto casi completamente y otros diez tienen fuertes restricciones.

La operación militar de Israel en Gaza
La afroamericana Kelsey Kotts, residente en Washington, siente que el presidente Joe Biden incumplió lo que prometió en campaña y que los derechos civiles se han reducido.

«Durante su Presidencia, se derogó Roe vs. Wade (que protegía el derecho federal al aborto), no se cumplió con la condonación de deudas estudiantiles y no se puede negar el enorme elefante genocida en la habitación, que es todo lo que está sucediendo en Palestina y Gaza», dice.

El 7 de abril se cumplieron seis meses de la guerra entre Israel y el grupo islamista palestino Hamás, que ha dejado en Gaza más de 33.000 muertos, la mayoría de ellos niños y mujeres. El saldo de heridos es incalculable y la hambruna, que podría matar a otros cientos de miles, es «inminente», según Naciones Unidas.

Mientras Hamás tiene secuestrados a cerca de 130 personas desde el 7 de octubre, Israel mantiene encarcelados a más de 3.600 palestinos a los que llama «detenidos administrativos», quienes, en general, no han pasado por un debido proceso, según la ONG HaMoked, que cita datos del Servicio de Prisiones israelí.

«Para abril de 2024, Israel tiene 2.071 presos sentenciados, 2.731 detenidos en prisión preventiva y 3.661 detenidos administrativos recluidos sin juicio. Israel también retiene a 849 personas como ‘combatientes ilegales'», señala el organismo de derechos humanos, con sede en Israel.

La ofensiva militar en Gaza ha acabado completamente con cerca del 80% de la infraestructura, haciendo que la opción de retorno sea casi imposible para los gazatíes. Y, paradójicamente, casi el 80% de los túneles que supuestamente eran el objetivo militar israelí siguen intactos, según informes publicados por el diario estadounidense The Wall Street Journal.

La operación militar y el cheque casi en blanco de Estados Unidos a Israel, matizado ya por varias advertencias a Israel para que proteja a los civiles, ha generado una creciente oposición y solo el 19% de los votantes entre 18 y 34 años aprueba la respuesta de Biden a la guerra.

«Creo que este es un problema que involucra a muchas identidades intersectoriales diferentes. No tienes que ser solo de Palestina, no tienes que ser solo árabe. Personas de otras comunidades marginadas, identidades de género marginadas, sexualidades, están diciendo lo mismo y no están dispuestas a apoyar esta campaña», dice Kelsey.

El 40% de los latinos en Estados Unidos quiere un cese al fuego en Gaza, según una encuesta de la consultora Ipsos. Y el 39% dice que Washington no debería involucrarse en el conflicto.

En protesta frente a los miles de millones de dólares de ayuda militar que Biden le envía a Israel, nacieron los movimientos ‘uninstructed’ en Wisconsin y ‘uncommitted’ en Michigan durante las elecciones primarias. Estos grupos de protesta recogieron más de 47.000 y 101.000 votos, respectivamente. Un número muy significativo de votantes inconformes, teniendo en cuenta que, en las elecciones de 2020, Biden le ganó a Trump en Wisconsin con una diferencia apenas superior a los 20.000 votos.

‘No creo que a ningún joven le guste vivir en esta democracia fuerte, que solo sobrevive porque esencialmente estamos limpiando sistemáticamente a todo un pueblo’, agrega Kelsey.

¿La economía es lo más importante?
Según Jonathan Soto, analista de la organización The Libre Initiative en Arizona, el derecho al aborto no es un tema que definirá la elección presidencial para los votantes jóvenes en ese estado.

«Este tema, el aborto, no parece ser un punto de quiebre para los votantes jóvenes», dice.

A partir del trabajo que hace en terreno en Arizona para su organización, que se define como conservadora libertaria, los jóvenes apelan al mismo principio cuando se trata de apoyar o no el aborto.

‘Según mis datos y conversaciones, los jóvenes quieren menos interferencia del gobierno en general. Quieren menos gobierno en términos económicos, en sus negocios y en el sistema migratorio’, dice.

Soto apunta que, a partir de sus conversaciones con los jóvenes latinos en Arizona, la economía es lo que más les importa.

‘Lo primero que quieren es una buena economía que les permita proyectarse a futuro. Quieren saber si van a poder encontrar empleo, si van a poder comprar una casa y la inflación va a bajar’.

Cifras oficiales indican que la inflación ha descendido y se evitó una recesión que se pronosticaba tras la pandemia.

Se han creado casi 15,2 millones de empleos bajo el mandato de Biden y el desempleo ha permanecido por debajo del 4%, la racha más larga en 50 años, según el Departamento de Comercio de Estados Unidos.

En cuanto a la inflación, esta pasó de estar por encima de 9% en junio de 2022 al 3,4% registrada en marzo de 2024. Sin embargo, los salarios no se han ajustado a la inflación y el poder adquisitivo de los jóvenes es cada vez menor, haciendo que las metas de consumo y educativas sean cada vez más complicadas de alcanzar.

La edad de los candidatos
Biden, con 81 años, es el presidente más longevo en la historia de Estados Unidos, mientras que Trump, que tiene 77 años, sería el segundo de mayor edad si vuelve a ganar las elecciones.

“Que ambos partidos no hayan podido, al menos hasta la fecha, ofrecer la ruta para que fuesen otros los candidatos, me parece un síntoma pésimo dentro del sistema democrático en Estados Unidos. Indistintamente de la edad de los dos candidatos, que creo que también puede influir”, comenta Juan Luis Landaeta, escritor y artista venezolano estadounidense que vive en Nueva York.

‘Donald Trump ataca a Joe Biden por su edad, pero ahora él va a tener la edad de Biden cuando este le ganó. Biden, además de los síntomas de debilitamiento mental, representa un partido que no ofrece una propuesta sólida y coherente de otro candidato. Pero quizás hay una alternativa porque hay tiempo para que el partido demócrata presente una oferta distinta o, de hecho, una oferta a secas’, dijo Juan Luis Landaeta.

Un sistema electoral bipartidista sin terceras opciones
“Vuelve y juega, tenemos a estos dos candidatos nuevamente. Eso no me da muchas razones para ser optimista del futuro. No estoy contento de tener que votar por uno de ellos. Espero que esto nos muestre que en alguna parte el sistema está roto y tenemos que hacer algunos cambios”, dice Joe Gentle ciudadano de Michigan.

En Estados Unidos hay un sistema político bipartidista, en gran parte porque en las elecciones al Congreso y la Presidencia el ganador se queda con todo. Es decir, en el sistema de Colegio Electoral, el candidato que logre la mayoría simple del voto popular en cada estado (menos Maine y Nebraska) gana la totalidad de los votos electorales.

Un tercer candidato que logre un 15% del voto popular tiene pocas posibilidades de imponerse sobre los dos grandes partidos porque el ganador se queda con la totalidad de los votos electorales, que son los que dan la victoria oficial.

Un tercer candidato representa, además, un riesgo para los dos partidos porque puede dividir el voto y permitir que un candidato sin la mayoría gane la elección.

Así ocurrió en 1912, cuando el demócrata Woodrow Wilson quedó presidente. Ese año, Theodore Roosevelt, antiguo republicano, se presentó como independiente, pero dividió los votos con el candidato republicano William Howard Taft y le permitió a Wilson ganar la Presidencia con solo el 42% del voto popular.

Desde entonces, los dos grandes partidos hacen todo lo posible para evitar candidatos independientes que fragmenten el voto. Esto podría explicar por qué el candidato independiente de estas elecciones, Robert F Kennedy Junior, ni siquiera participa en los debates presidenciales o aparece en los tarjetones de las primarias electorales.

‘Sin importar quien gane, no creo que sea bueno para la democracia y para el futuro del país”, dijo Joe Gentle a France 24, manifestando frustración por la falta de representatividad y opciones de candidatos que en realidad le gusten.

¿Un futuro renovado?
“Ojalá que haya cambios y esperaré con ansias las próximas elecciones, dentro de cuatro años”, dice Joe Gentle.

El descontento de los jóvenes puede llevar a una alta abstención e influir en el resultado.

En la historia de Estados Unidos, ha habido tres elecciones de «revancha», donde los mismos dos candidatos se enfrentaron: en 1892, entre Grover Cleveland y Benjamin Harrison; en 1900, William McKinley vs. William Jennings; y en 1956, entre Eisenhower y Adlai Stevenson. En cada una de ellas, la participación disminuyó en la segunda elección.

“Nunca he visto tanta apatía hacia unas elecciones como estoy viendo en este momento, y eso para mí es muy negativo en este ciclo electoral”, dice una joven en Washington que prefiere guardar anonimato porque trabaja en el gobierno.

Las fórmulas vicepresidenciales podrían ser un factor que inspire a los votantes teniendo en cuenta que estas podrían terminar gobernando, pero la elección en EE. UU. se hace un martes durante un día laboral, restando aún más incentivos para salir a votar. Por: Cristóbal Vásquez