En Nicaragua, la libertad de prensa y expresión enfrenta una crisis sin precedentes bajo el régimen de Daniel Ortega, quien ha cerrado más de 3,500 ONG y todos los medios informativos independientes desde las protestas sociales de 2018. Este drástico panorama ha sumido al país en un silencio impuesto, donde el miedo y la represión son la norma para periodistas y ciudadanos por igual.
Desde el cierre del canal 100% Noticias y el saqueo de instalaciones de medios como Confidencial y La Prensa, el ejercicio del periodismo crítico se ha vuelto una empresa extremadamente peligrosa. Lucía Pineda Ubau, directora de 100% Noticias, describe la situación como «el infierno», recordando su encarcelamiento y exilio forzado tras la confiscación de sus equipos y la persecución del gobierno. La represión no se limita al país; incluso en el exilio, los periodistas enfrentan vigilancia y amenazas que condicionan su trabajo.
La censura se extiende a todos los ámbitos de la sociedad nicaragüense. Reporteros Sin Fronteras señala que solo los medios digitales en el exilio continúan informando sobre los abusos del gobierno, mientras que los pocos espacios críticos dentro de Nicaragua operan con miedo a las represalias. La situación se agrava con la persecución de periodistas como Víctor Ticay, encarcelado por documentar una procesión católica, y el encarcelamiento de opositores políticos como Miguel Mora, quien fue desterrado tras ser encarcelado por aspirar a la presidencia.
El éxodo de periodistas nicaragüenses hacia el extranjero ha debilitado aún más la infraestructura mediática del país. En Costa Rica y Estados Unidos, muchos luchan por reconstruir sus vidas mientras intentan mantener viva la cobertura informativa sobre Nicaragua. La Universidad Centroamericana (UCA), histórico semillero de periodistas, cerró sus puertas bajo acusaciones infundadas del gobierno, dejando un vacío en la formación de nuevos profesionales.
Dagmar Thiel, de la Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios, advierte que el autoritarismo en Nicaragua ha consolidado su poder al silenciar a la sociedad civil y desafiar las condenas internacionales sin consecuencias. Comparado con Cuba y Venezuela, el nivel de represión en Nicaragua es alarmante, con un control absoluto sobre la información pública y una sociedad autocensurada por el temor a represalias.
En medio de esta crisis, los periodistas y ciudadanos nicaragüenses resisten desde el exilio, utilizando redes sociales y fuentes anónimas para mantener informada a la población sobre la realidad del país. Su valentía y determinación son el testimonio de una lucha constante por la libertad de expresión en un entorno hostil y cada vez más opresivo.
