Después de muchas amenazas, finalmente llegó el día.

Los aranceles generales anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del 25% a México y Canadá entraron en vigor.

Además, Washington impuso un arancel adicional del 10% sobre las importaciones chinas, lo que se suma a una tasa del 10% que había entrado en vigor el 4 de febrero.

Un arancel universal, es decir, a todos los productos de un país, es considerado por los expertos en comercio internacional como una medida muy dura, especialmente cuando está dirigida a sus mayores socios comerciales.

Los únicos productos que quedaron sujetos a un arancel reducido del 10% fueron las importaciones energéticas provenientes de Canadá.

Este arancel permanecerá vigente hasta que las drogas, en particular el fentanilo, y todos los inmigrantes ilegales detengan esta invasión de nuestro país», informó la Casa Blanca en un comunicado cuando se anunciaron por primera vez en febrero.

Sin embargo, tras conversar con los líderes de Canadá y México, y después de que ambos anunciaran medidas de refuerzo de la vigilancia en sus fronteras con Estados Unidos, Trump decidió posponerlos por un mes, plazo que se cumplió ayer martes.

Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que su país «tiene que ser respetado», y aseguró que las «medidas arancelarias y no arancelarias» con las que responderá a los gravámenes de EE.UU. serán anunciadas el próximo domingo 9 de marzo.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, reaccionó anunciando la imposición de aranceles del 25%, también a partir de este martes, sobre bienes estadounidenses por valor de US$30.000 millones, los cuales aumentarán hasta alcanzar US$155.000 millones en 21 días.

China describió los aranceles estadounidenses como un acto típico de unilateralismo y matonismo, mientras que el Ministerio de Finanzas respondió imponiendo aranceles de entre el 10-15% a los productos alimenticios estadounidenses.

¿Cómo puede afectar a México?

En los días previos al anuncio en febrero, en México había cierto escepticismo sobre la aplicación de un arancel del 25% sobre todos los productos.

Parecía más factible que el gobierno de Estados Unidos escogiera algunos productos específicos, en vez de imponer un arancel universal.

Pero no fue así.

«Esto va a provocar una recesión en México», dijo Valeria Moy, directora general del Centro de Investigación en Política Pública, IMCO, en México.

«Suena absurdo, suena como una locura», agregó, refiriéndose a que el mandatario estaría dispuesto a quitar los aranceles solo cuando se resuelvan los problemas de migración y drogas.

México, el principal socio comercial de EE.UU., envía más del 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense.

Es por eso que un 25% de aranceles parece ser un golpe duro para una economía que le vende a su vecino desde autos y semiconductores, hasta petróleo y aguacates.

Analistas y empresarios han advertido que un arancel universal no solo afectará las exportaciones, sino también, el crecimiento económico, el empleo, las inversiones, las remesas y el peso mexicano.

¿Cómo funcionan los aranceles? No son otra cosa que un impuesto a los productos importados. Los paga el importador del país que aplica el arancel, en este caso, el importador estadounidense, cuando llega el producto extranjero a la aduana.

Como el importador tiene que pagar un precio más alto, habitualmente traspasa una parte de ese costo extra, o todo el costo adicional, a los consumidores estadounidenses.

Pero Trump sostiene exactamente lo contrario, cuando argumenta que los aranceles van a «enriquecer a los estadounidenses» porque van a generar ingresos adicionales para el gobierno y van a aumentar la capacidad manufacturera del país, creando nuevos empleos y crecimiento económico.

La mayor parte de los economistas aseguran que los aranceles afectarán a los países a los que se les impone el gravamen, pero también a EE.UU.

«Creo que es muy absurdo poner aranceles a tus tres mayores socios comerciales, especialmente a Canadá y México», comentó Kimberly Clausing, investigadora senior del Instituto Peterson de Economía Internacional y profesora de Derecho y Política Tributaria en la Universidad de California, Los Ángeles.

«No solo estás dañando a los consumidores, sino también a los trabajadores y a los productores estadounidenses».