La capital estadounidense fue escenario de una fuerte división política, cuando cientos de manifestantes se congregaron cerca del lugar donde Donald Trump celebraba su desfile militar por su 79º cumpleaños. La jornada, que estuvo marcada por un fuerte despliegue de seguridad, dejó en evidencia las tensiones que aún existen en el país respecto a la figura del expresidente.

Mientras sus seguidores celebraban lo que consideraron una «fiesta patriótica», en la que, según varios asistentes, el desfile era una oportunidad para honrar al Ejército, a poca distancia, manifestantes tachaban a Trump de «fascista» y protestaban por la excesiva militarización del evento.

Algunas personas defendieron el desfile como una «celebración del país», argumentando que algunos critican el evento por razones políticas. Sin embargo, muchos de los opositores a Trump no compartían este punto de vista. Sam Richards, veterano de la guerra de Mineápolis, calificó el desfile como una «broma cruel», señalando que el evento estaba siendo utilizado para «promover un culto a la personalidad».

La manifestación se sumó a una serie de protestas en todo el país, donde ciudadanos de distintas ciudades expresaron su rechazo a la figura de Trump y su posible retorno al poder. «No se va a salir con la suya», manifestaban , refiriéndose a lo que perciben como intentos de intimidación por parte del presidente.

El desfile, que contó con un fuerte blindaje de seguridad, incluyó agentes del Servicio Secreto y perros rastreadores, mientras que las protestas aumentaban en número y fervor. La fractura política en EE. UU. parece, una vez más, no tener solución a corto plazo.