Donald Trump anunció un ataque militar contra tres instalaciones nucleares iraníes: Fordo, Natanz e Isfahán. En la operación se utilizaron seis bombas antibúnker GBU-75 y 30 misiles Tomahawk, según detalló Trump en su red Truth Social, donde aseguró que los bombarderos estadounidenses salieron ilesos del espacio aéreo iraní.
El ataque marca una escalada sin precedentes en el conflicto entre Irán e Israel iniciado el 13 de junio, que ya deja más de 450 muertos. Trump afirmó que las instalaciones fueron “destruidas total y completamente” y advirtió que habrá nuevas ofensivas si Irán no se rinde.
La reacción internacional fue mayoritariamente crítica. Solo Israel y Reino Unido respaldaron la acción. Incluso dentro de EE.UU., tanto demócratas como republicanos expresaron rechazo, cuestionando su legalidad. Irán prometió represalias y calificó la acción como una “agresión con consecuencias eternas”.
Pese al riesgo nuclear, no se detectaron fugas radioactivas. Sin embargo, la tensión en Medio Oriente se disparó. Con más de 40.000 tropas estadounidenses en la región con bases en Irak, Bahréin, Egipto, Jordania, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos , cualquier represalia podría desatar un conflicto de mayor escala.
