España atraviesa una emergencia medioambiental sin precedentes. Según datos actualizados por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), en lo que va de 2025 se han quemado 382.607 hectáreas en 228 incendios registrados en distintos puntos del país. Esta cifra supera ampliamente los registros históricos, convirtiéndose en el peor año desde que existen datos comparables, incluso por encima de 2022, cuando se quemaron 306.555 hectáreas.

Galicia, Asturias, Castilla y León y Extremadura concentran gran parte de los incendios activos, muchos de ellos en zonas rurales despobladas donde el abandono de prácticas como la ganadería extensiva ha contribuido al deterioro del monte. Actualmente, más de 40 incendios siguen activos, 23 de ellos en situación Operativa 2 por su gravedad, según Protección Civil.

El Gobierno español ha anunciado que el próximo 26 de agosto se declararán como “zonas afectadas gravemente por emergencia de protección civil” los territorios golpeados por los incendios. Además, se ha desplegado un refuerzo de 500 soldados para apoyar las labores de extinción.

Aunque el número total de incendios ha disminuido en comparación con años anteriores, su virulencia ha aumentado drásticamente. Expertos de la FAO y organizaciones como WWF advierten que esta tendencia responde al impacto del cambio climático y a la falta de inversión en prevención. Se estima que para 2050 la superficie quemada podría duplicarse respecto a la media actual.

La magnitud de esta crisis exige una revisión profunda de las políticas forestales, una mayor inversión en prevención y una estrategia coordinada a nivel nacional y europeo para enfrentar los desafíos que plantea.