Ecuador enfrenta una nueva ola de violencia penitenciaria tras registrarse al menos 33 muertos en distintas cárceles del país en apenas tres días. Los enfrentamientos entre bandas criminales rivales han dejado escenas de extrema brutalidad en los centros de reclusión de Guayaquil, Latacunga y Cuenca, según confirmó el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Privadas de Libertad (SNAI).
Los disturbios comenzaron el lunes en la Penitenciaría del Litoral, donde se reportaron 17 fallecidos y decenas de heridos. El martes, nuevos enfrentamientos estallaron en la cárcel de Turi, en Cuenca, con un saldo de 9 muertos, mientras que el miércoles se registraron otros 7 decesos en el Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi. Las autoridades han declarado estado de excepción en el sistema penitenciario y han desplegado unidades militares para retomar el control.
El presidente Daniel Noboa condenó los hechos y anunció una nueva fase del plan “Fénix”, que contempla la intervención total de los centros penitenciarios, el aislamiento de cabecillas y la construcción de una cárcel de máxima seguridad en la Amazonía. “No vamos a ceder ante el crimen organizado. Esta guerra la vamos a ganar”, afirmó el mandatario en cadena nacional.
Organismos de derechos humanos han expresado su preocupación por el deterioro de las condiciones carcelarias y el uso excesivo de la fuerza. La Defensoría del Pueblo exigió una investigación independiente y denunció que muchos de los fallecidos no estaban condenados, sino en prisión preventiva.
Ecuador ha vivido más de una decena de masacres carcelarias desde 2021, con más de 500 reclusos asesinados en ese periodo. El sistema penitenciario, con capacidad para 30.000 internos, alberga actualmente a más de 38.000, en condiciones de hacinamiento extremo y bajo control parcial de organizaciones criminales como Los Choneros, Los Lobos y Tiguerones.
