La diputada independiente de izquierda Catherine Connolly, reconocida por su discurso crítico hacia la Unión Europea y Estados Unidos, fue proclamada presidenta de Irlanda, tras imponerse con un 63% de los votos en unas elecciones marcadas por la baja participación y el descontento del electorado conservador.
Connolly, abogada y veterana política de 68 años, superó ampliamente a su principal rival, la candidata centrista Heather Humphreys, quien obtuvo apenas un 29,5% de los sufragios. La votación, convocó a 3,6 millones de ciudadanos para elegir al sucesor de Michael D. Higgins, quien deja el cargo honorífico tras 14 años en la presidencia.
Pese a su derrota, Humphreys felicitó a su contrincante y llamó a la unidad nacional: “Catherine será una presidenta para todos nosotros y será mi presidenta”, declaró en la televisión pública irlandesa. Desde el Gobierno, el viceprimer ministro Simon Harris también envió un mensaje conciliador: “Le deseo todo el éxito posible en esta nueva etapa”.
La jornada electoral estuvo marcada por una notable abstención y una alta proporción de votos nulos, reflejo del malestar entre los votantes conservadores, quienes denunciaron la falta de una opción sólida de derecha. En redes sociales y medios locales, varias figuras influyentes habían alentado a anular el voto como forma de protesta.
Connolly, que durante su campaña prometió “una Irlanda más justa, soberana y solidaria”, asume la presidencia en un contexto de tensión política y desconfianza institucional, pero con un mandato contundente que la consolida como una de las figuras más influyentes de la izquierda irlandesa contemporánea.
