Las autoridades brasileñas iniciaron la reconstrucción de Río Bonito do Iguaçu, una ciudad de 13.500 habitantes en el estado de Paraná, que fue arrasada el viernes por un tornado de intensidad inédita. El fenómeno dejó seis muertos, 835 heridos —32 de ellos aún hospitalizados— y destruyó el 90 % de las construcciones del municipio.
El alcalde Sezar Augusto Bovino confirmó que las labores de búsqueda y rescate han concluido, y que no hay personas desaparecidas. “Está todo en el piso, pero ya pasamos por la parte difícil. Ahora es el momento de la reconstrucción”, declaró Bovino, quien lidera las tareas de recuperación junto a equipos de emergencia y voluntarios.
Los vientos alcanzaron hasta 250 kilómetros por hora, arrancando árboles de raíz, volcando vehículos y destruyendo viviendas, escuelas y centros de salud. La ciudad, ubicada a pocos cientos de kilómetros de las cataratas de Iguazú, enfrenta ahora el desafío de restablecer servicios esenciales y garantizar refugio a miles de damnificados.
El Gobierno federal ha prometido apoyo logístico y financiero, mientras organizaciones civiles y religiosas movilizan ayuda humanitaria. La reconstrucción de Río Bonito do Iguaçu se perfila como una prueba de resiliencia comunitaria ante el avance de fenómenos extremos en América Latina.
