En un giro que recuerda las estrategias más duras del hemisferio, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa anunció el traslado de 300 presos considerados de alta peligrosidad a la nueva cárcel de máxima seguridad “El Encuentro”, en Santa Elena. La medida, ejecutada tras la masacre de 31 reclusos en Machala, busca recuperar el control del sistema penitenciario frente al avance del crimen organizado.

Las imágenes difundidas por el gobierno —reos rapados, sentados en fila, rodeados de militares— evocan el modelo salvadoreño de Bukele, con un claro mensaje de fuerza. Entre los trasladados figura el exvicepresidente Jorge Glas, lo que añade tensión política al operativo.

Noboa declaró que “el crimen quiso desafiar al Ecuador”, y que su gobierno respondió “con hechos”. En un país donde las cárceles se han convertido en centros de poder criminal, esta acción marca un punto de inflexión. Pero la pregunta sigue abierta: ¿es la mano dura suficiente para desmontar estructuras que trascienden los muros?

Puedo ayudarte a contrastar esta estrategia con modelos penitenciarios en Colombia o El Salvador, si te interesa ampliar el análisis.