Entró oficialmente en vigor el Acuerdo de Asociación Estratégica y Cooperación entre Rusia y Venezuela, tras su ratificación por los presidentes Vladímir Putin y Nicolás Maduro en octubre pasado. El pacto, de carácter bilateral, contempla una ampliación significativa de la colaboración en áreas como energía, minería, transporte, comunicaciones, seguridad y lucha contra el terrorismo, según confirmó el Portal de Información Legal del Estado ruso.
La entrada en vigor del acuerdo se produce en un contexto de alta tensión geopolítica, marcado por el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, que Moscú considera una amenaza encubierta bajo el pretexto de combatir el narcotráfico. Aunque el Kremlin ha negado haber recibido solicitudes de ayuda militar por parte del gobierno venezolano, medios internacionales reportan que Caracas habría pedido modernización de aviones Su-30MK2, radares y sistemas de defensa aérea.
El presidente Maduro, por su parte, lanzó una nueva fase del “Plan Independencia 200”, con el despliegue de casi 200.000 efectivos y medios misilísticos en todo el país, como respuesta a lo que considera provocaciones de Washington.
El acuerdo estará vigente por diez años, con renovación automática cada cinco, y busca consolidar una infraestructura financiera independiente para el comercio bilateral, así como fortalecer la coordinación política en foros internacionales.
Analistas advierten que este pacto refuerza el eje Caracas–Moscú en medio de un reordenamiento global, y podría tener implicaciones en el equilibrio regional de poder en América Latina.
