Realizar respiraciones profundas antes de dormir es una práctica sencilla que puede mejorar significativamente la calidad del sueño y el bienestar general. Al enfocarnos en la respiración lenta y consciente, activamos el sistema nervioso parasimpático, responsable de la relajación, lo que ayuda a disminuir el ritmo cardíaco, reducir la presión arterial y aliviar tensiones musculares.

Entre sus principales beneficios se encuentra la reducción del estrés y la ansiedad, ya que las respiraciones profundas disminuyen la liberación de cortisol, la hormona del estrés, permitiendo que la mente se tranquilice y se prepare para el descanso. Además, favorecen la oxigenación del cerebro y los tejidos, lo que mejora la claridad mental, la memoria y el rendimiento cognitivo al despertar.

Esta práctica también puede contribuir a mejorar la digestión, ya que la relajación general ayuda al funcionamiento adecuado del sistema digestivo, y a fortalecer la salud cardiovascular, al reducir la tensión arterial y mejorar la circulación.

Para obtener resultados óptimos, se recomienda realizar 5 a 10 minutos de respiraciones profundas antes de acostarse, inhalando lentamente por la nariz, reteniendo el aire unos segundos y exhalando despacio por la boca. Incorporar este hábito diario puede transformar la calidad del sueño y promover un descanso reparador.