La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP30), inicio su semana decisiva tras seis días de negociaciones técnicas marcadas por lentos avances y múltiples tensiones. Delegaciones de más de 190 países se reúnen en la ciudad amazónica de Belém, donde la presión de comunidades indígenas, jóvenes activistas y organizaciones de la sociedad civil ha sido constante. Las protestas del fin de semana, con más de 30.000 personas en las calles, exigieron una transición energética justa y el fin de las “falsas soluciones” climáticas.
Entre los temas más sensibles que siguen sin consenso están la financiación de los países ricos a los países en desarrollo y la definición de nuevas metas de reducción de emisiones. Ambos puntos han quedado fuera de la agenda oficial, lo que ha generado críticas hacia la presidencia de la cumbre, encabezada por el diplomático brasileño André Corrêa do Lago.
Colombia, por su parte, ha asumido un rol activo al impulsar una declaración política que trace una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles. Sin embargo, las divisiones entre países del Norte y del Sur global siguen marcando el ritmo de las conversaciones. La comunidad internacional observa con atención si esta cumbre logrará traducir las demandas sociales en compromisos concretos, en un momento crítico para el futuro climático del planeta.
