La incertidumbre se ha apoderado de Honduras tras las elecciones generales del pasado 30 de noviembre. A casi tres semanas de los comicios, el país sigue sin conocer resultados oficiales, lo que ha intensificado la tensión política y social.

El retraso en el escrutinio especial de más de 2.700 actas con inconsistencias ha generado enfrentamientos entre militantes del oficialista Partido Libertad y Refundación (Libre) y del opositor Partido Nacional, dejando al menos dos personas heridas en las afueras del centro electoral donde se adelanta el conteo.

La demora del Consejo Nacional Electoral (CNE) en entregar cifras definitivas ha desatado acusaciones de fraude y presiones de distintos sectores. En el Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop), donde se concentran las actas, se instalaron más de 150 mesas para el escrutinio, pero los avances han sido mínimos. La población, cansada de la espera, expresa frustración y temor ante un escenario de ingobernabilidad.

La crisis hondureña no solo pone en riesgo la estabilidad política, sino también la confianza en las instituciones democráticas. Organismos internacionales han pedido transparencia y celeridad en el proceso, mientras analistas advierten que la prolongada incertidumbre podría afectar la economía y la seguridad del país.