La publicación de más de 30.000 páginas de documentos relacionados con el caso del financiero Jeffrey Epstein volvió a colocar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el centro de la polémica. Entre los archivos desclasificados por el Departamento de Justicia aparecen testimonios recogidos por el FBI en los que se menciona una acusación de violación contra Trump, presentada en 2020.
Los documentos, sin embargo, contienen amplias censuras y el propio Departamento de Justicia advirtió que varias de estas afirmaciones son “falsas y sensacionalistas”. Los archivos revelan detalles sobre la relación de Trump con Epstein, a quien consideró durante años un amigo cercano, según registros de viajes y fotografías en fiestas privadas.
En uno de los testimonios, un conductor de limusinas aseguró haber trasladado a Trump en Texas en 1995, vinculándolo con episodios de abuso. Aunque las autoridades no han presentado cargos formales contra el mandatario, la aparición reiterada de su nombre en los documentos ha generado inquietud y un intenso debate público sobre la transparencia y el alcance de las investigaciones.
Para la ciudadanía estadounidense, el caso no es solo un asunto judicial, sino un reflejo de las tensiones éticas y políticas que atraviesan al país. Las víctimas de Epstein, que durante años han exigido justicia, ven en estas revelaciones un recordatorio del poder que protegió al depredador sexual y de la necesidad de esclarecer todas las responsabilidades.
