Los ordenadores cuánticos prometen un gran salto en cálculos y problemas computacionales antes impensados, o incluso imposibles para la computación actual. Cada bit en un ordenador normal solo puede tener un valor de cero o de uno. En cambio, los bits cuánticos pueden adoptar un estado de 0, 1 o simultáneamente ambos. Esta superposición cuántica, como se conoce a tal fenómeno, permite a las computadoras cuánticas ejecutar cálculos dificilísimos, que los ordenadores convencionales no pueden resolver.
Por desgracia, los bits cuánticos tienden a ser muy frágiles e inestables, por lo que conseguir arquitecturas operativas con una cantidad de bits cuánticos superior a unos pocos cientos ha venido siendo un reto muy difícil. Para aprovechar debidamente las capacidades de la computación cuántica se necesitarán ordenadores con cientos de miles de bits cuánticos como mínimo.
Unos investigadores han logrado un gran avance en la computación cuántica con un nuevo dispositivo que, siendo casi 100 veces más pequeño que el grosor de un cabello humano, es capaz de controlar eficientemente los láseres necesarios para manejar con la estabilidad requerida miles o incluso millones de bits cuánticos, capacitando así la computación cuántica a gran escala.
El logro es obra de un equipo integrado, entre otros, por Jacob M. Freedman, de la Universidad de Colorado en Boulder, y Matt Eichenfield, de la de Arizona en Tucson, ambas en Estados Unidos.
Otro aspecto importante del nuevo dispositivo es que se fabrica sin requerir procesos complejos y especializados. Los procesos usados son los que ya se utilizan para la tecnología de los procesadores presentes en ordenadores, teléfonos modernos, algunos vehículos, electrodomésticos de última generación y prácticamente todo aparato nuevo que funciona con electricidad (incluso tostadoras). Esto hace que el nuevo dispositivo, además de ser muy eficiente, resulte fácil y barato de fabricar.
