Los embajadores de los Estados miembros de la UE aprobaron de manera provisional la firma del acuerdo con el bloque sudamericano Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). La decisión, alcanzada por mayoría cualificada, representa un paso histórico en las relaciones entre Europa y América Latina, aunque aún está pendiente la ratificación definitiva por el Parlamento Europeo.

Países como Alemania y España defendieron el pacto como una oportunidad para abrir nuevos mercados y reducir la dependencia de China, mientras que Francia, Polonia, Irlanda y Hungría expresaron su rechazo por el impacto que podría tener en sus sectores agrícolas.

El acuerdo contempla la eliminación progresiva de aranceles: el Mercosur retirará gravámenes sobre el 91 % de las exportaciones europeas, incluidos automóviles, mientras que la UE reducirá derechos sobre el 92 % de las exportaciones del Mercosur en un plazo de hasta diez años. También se incluyen cláusulas de salvaguardia para proteger a los agricultores europeos frente a un aumento de importaciones, así como compromisos ambientales que buscan responder a las críticas sobre deforestación y sostenibilidad.

Más allá de las cifras, el pacto tiene un fuerte componente humano y político: para millones de productores y consumidores en ambos continentes, la apertura comercial puede significar nuevas oportunidades, pero también incertidumbre.

Agricultores europeos temen que sus productos pierdan competitividad frente a la carne y granos sudamericanos, mientras que en América Latina se espera que el acuerdo impulse el empleo y el acceso a tecnología. El reto será equilibrar intereses económicos con la protección de comunidades vulnerables y del medio ambiente, en un momento en que la cooperación internacional se vuelve clave para enfrentar la crisis global.