La noticia fue confirmada por su familia y por el Museo Nacional de Colombia, que destacó la trayectoria de la artista nacida en Bucaramanga en 1932. González, considerada “la maestra” por varias generaciones, dedicó su obra a retratar las violencias que atravesaron el país, desde la sátira hasta la memoria colectiva. Su trabajo, influenciado por Marta Traba y Juan Antonio Roda, se convirtió en un referente ineludible para comprender el arte contemporáneo en Colombia.

A lo largo de su carrera, Beatriz González exploró la pintura, el dibujo y la escultura, con piezas emblemáticas como Auras Anónimas, instalada en el Cementerio Central de Bogotá, donde rindió homenaje a las víctimas del conflicto armado.

Su obra se caracterizó por un lenguaje crítico y accesible, que buscaba dialogar con la sociedad y poner en evidencia las tensiones entre poder, dolor y memoria. Reconocida internacionalmente, participó en exposiciones en Europa y América Latina, consolidándose como una voz única en el arte político y social.

Más allá de los museos y las galerías, su muerte genera un vacío humano y cultural: miles de colombianos crecieron con sus imágenes como espejo de la realidad nacional. Para sus colegas y discípulos, González fue una maestra que enseñó a mirar el arte como herramienta de reflexión y resistencia. Su partida deja la certeza de que su obra seguirá viva en cada generación que busque comprender el país a través de los colores, las formas y la memoria que ella supo transformar en arte.