El embajador iraní ante Naciones Unidas, Amir Saeid Iravani, denunció que Washington y Tel Aviv estarían detrás de lo que calificó como “acciones desestabilizadoras” que buscan fomentar disturbios internos. En la misiva, Irán pidió al Consejo de Seguridad que condene lo que considera una injerencia extranjera y advirtió que las campañas de presión política y mediática han alimentado protestas y episodios de violencia en distintas ciudades.

La carta llega en un contexto de creciente tensión regional, marcado por enfrentamientos en Medio Oriente y acusaciones cruzadas entre Irán y sus adversarios. Teherán sostiene que las sanciones económicas y las operaciones de inteligencia de EE.UU. e Israel han impactado directamente en la estabilidad interna del país, generando un clima de incertidumbre para la población.

Más allá de la diplomacia, el mensaje refleja el impacto humano de la crisis: ciudadanos iraníes enfrentan dificultades económicas, restricciones sociales y el temor de que la confrontación internacional se traduzca en mayor represión o violencia dentro de sus comunidades.

La denuncia ante la ONU busca no solo un pronunciamiento político, sino también visibilizar el costo que la tensión geopolítica tiene en la vida cotidiana de millones de personas.