Un total de 39 personas han muerto en el accidente de trenes que sucedió ayer domingo 18 de enero en la localidad de Ademuz (Córdoba, sur de España).

Por otro lado, 73 personas permanecen ingresadas en los hospitales, 24 de ellas en estado grave, de las que cuatro son menores.

Un tren de la compañía Iryo, que había salido de Málaga (sur de España) a las 18:40 horas de la tarde de este domingo (17:40 GMT) con destino a Madrid con 317 personas a bordo, descarriló sus tres últimos vagones a las 19:39 horas (18.39 GMT) e invadió la vía contigua por la que en ese mismo momento circulaba otro convoy de Renfe con destino a Huelva, que también descarriló.

Los vagones del Iryo impactaron contra los dos primeros vagones del Alvia de Renfe, que salieron despedidos y cayeron por un terraplén de unos cuatro metros.

El ministro español de Transportes, Óscar Puente, consideró este lunes, en declaraciones desde la estación de Atocha (Madrid), que este accidente de ferrocarril es «raro y difícil de explicar», porque el tren que provocó el choque es relativamente nuevo y se había renovado muy recientemente la infraestructura.

El tren Iryo que descarriló había sido revisado el 15 de enero, hace solo cuatro días, y se fabricó en 2022, según la propia compañía, que ha afirmado que se encuentra a total disposición de la Comisión encargada de las pesquisas.

El accidente se produjo en un tramo recto de la vía de la línea Madrid-Sevilla, cuyos trabajos de renovación finalizaron en mayo, con una inversión de 700 millones de euros (unos 813 millones de dólares).

El ministro español de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, consideró este lunes que este accidente es «raro y difícil de explicar», porque el tren que provocó el choque es relativamente nuevo y también se había renovado recientemente la infraestructura.