Según la encuesta más reciente de Guarumo, indica que Iván Cepeda se posiciona como el candidato con mayores posibilidades de triunfo ante una eventual segunda vuelta presidencial.

El sondeo, realizado en las principales ciudades del país, muestra un panorama de alta fragmentación política y un electorado que aún no define con claridad sus preferencias. Cepeda, candidato del Pacto Histórico, aparece como el favorito en esta medición, mientras De La Espriella, abogado y columnista, se consolida como la segunda opción con un crecimiento sostenido en las últimas semanas. Valencia, senadora del Centro Democrático, y Dávila, periodista que incursiona en la política, registran apoyos más modestos.

El sondeo evalúa diversos escenarios de segunda vuelta. Cuando la disputa sería entre Cepeda y Abelardo de la Espriella, el primero alcanzaría 39,4% y el abogado, 33,9%, mientras la indecisión alcanza 26,7%, un porcentaje que implica que uno de cada cuatro ciudadanos no ha tomado todavía una decisión en este contexto.

Frente a Sergio Fajardo, Cepeda marca una cifra casi idéntica, con 39,3%, pero la distancia se amplía ya que Fajardo llega a 24,8%.

En ese caso, la indecisión se eleva a 35,9%. Si la confrontación es con Paloma Valencia, Cepeda amplía la brecha: suma 40%, mientras Valencia obtiene 21,2% y el sector de quienes rechazan ambas candidaturas asciende a 38,8%.

La encuesta también refleja un nivel significativo de indecisión y abstención potencial, lo que sugiere que el escenario electoral podría cambiar en los próximos meses. Analistas señalan que la ventaja de Cepeda responde a su posicionamiento como figura de izquierda en un contexto de polarización, mientras que De La Espriella capitaliza un discurso crítico frente al establecimiento. El estudio advierte que los resultados son una fotografía del momento y no una predicción definitiva.

Más allá de las cifras, el impacto humano se percibe en la expectativa de los ciudadanos, que ven en estas encuestas un reflejo de sus preocupaciones y esperanzas. Para muchos, los números representan la posibilidad de un cambio político; para otros, la necesidad de defender modelos tradicionales. En las calles, la conversación electoral se mezcla con la vida cotidiana: familias, trabajadores y jóvenes discuten sobre el futuro del país, recordando que detrás de cada porcentaje hay millones de personas que buscan ser escuchadas.