El fenómeno climático golpeó con mayor fuerza a estados del centro y noreste del país, incluyendo Nueva York, Ohio, Pensilvania y Kentucky. Las autoridades confirmaron que las víctimas fallecieron en accidentes de tránsito, hipotermia y emergencias relacionadas con el hielo y la nieve. Más de 300.000 hogares permanecen sin electricidad, mientras que aeropuertos como los de Chicago y Filadelfia suspendieron cientos de vuelos.
Una gran tormenta invernal que avanza este lunes por el centro y el sur de Estados Unidos dejó al menos 11 muertos y provocó suspensiones de vuelos, casi un millón de hogares sin energía eléctrica y miles de aviones en tierra, junto con llamados permanecer en casa por precaución. Las autoridades advirtieron que una masa de aire procedente del Ártico provocará la caída de las temperaturas a niveles peligrosamente bajos durante algunos días más. El estado de emergencia fue declarado en Washington y una veintena de estados.
Gobernadores de al menos 15 estados declararon la emergencia para movilizar recursos y atender a las comunidades más vulnerables. Equipos de rescate trabajan día y noche para despejar carreteras y garantizar el acceso a hospitales, mientras refugios improvisados reciben a familias que no cuentan con calefacción.
La Casa Blanca anunció que coordina apoyo federal para enfrentar la crisis y pidió a los ciudadanos evitar desplazamientos innecesarios.
Más allá de las cifras, el impacto humano es devastador: familias enteras se han visto obligadas a pasar noches en albergues, trabajadores esenciales enfrentan jornadas extenuantes en condiciones extremas y comunidades rurales permanecen aisladas por la nieve. La tormenta recuerda que detrás de cada número hay vidas interrumpidas, hogares en incertidumbre y un país que lucha por sobreponerse a la fuerza de la naturaleza con solidaridad y resiliencia.
