La visita de Gustavo Petro a la Casa Blanca generó gran expectativa en Colombia y en la región, dado el historial de desencuentros entre ambos líderes. Trump había cuestionado en varias ocasiones la política antidrogas de Petro y sus posturas frente a Venezuela, mientras que el presidente colombiano criticó la visión intervencionista de Washington.
En este contexto, el embajador García-Peña explicó que la reunión fue “directa, sin rodeos”, y que el tono de la conversación reflejó las diferencias ideológicas, pero también la necesidad de mantener canales de cooperación abiertos.
“Nosotros hicimos la gestión, la famosa llamada, pero si el presidente Trump no viera en Petro un hombre fuerte, esto no se hubiera dado. Es un reconocimiento a Petro que, a pesar de las críticas, esas posiciones firmes fueron las que llevaron a que Trump dijera que había que hablar con él. Respeta los liderazgos fuertes, no respeta a los debiluchos, no a los que se arrodillan»
“Hubo un sustico, mucho nerviosismo, porque uno sabe que un escenario de esos es incierto, y el presidente Trump es impredecible (…) pero empecé a respirar tranquilo desde el momento en que llegó Trump, desde el momento en que nos encontramos, que fue un poco curioso, porque cuando llegamos con el presidente nos dijo: ‘¡Oh, Gustavo! Good to see you’ (¡Ay, Gustavo! ¡Qué bueno verte!).
Según García-Peña, Trump dejó claro que no busca interlocutores complacientes, sino líderes que defiendan sus intereses nacionales con firmeza. “A Trump no le gustan los que se arrodillan”, relató el embajador, aludiendo a la manera en que el presidente estadounidense mide la relación con sus pares. Para Petro, esto significó reafirmar su postura sobre la soberanía colombiana y la necesidad de que cualquier cooperación en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico se haga bajo condiciones de respeto mutuo. La reunión incluyó discusiones sobre migración, comercio y la situación en Venezuela, temas que siguen siendo prioritarios en la agenda bilateral.
