La explosión ocurrió en la mezquita Qasr-e-Khadijatul Kubra, ubicada en la zona de Terlai, al sur de la capital paquistaní. Testigos relataron que el atacante ingresó al recinto durante la oración colectiva del viernes y detonó los explosivos en medio de los fieles. El impacto fue devastador: el techo y las paredes del templo quedaron destruidos, mientras decenas de personas quedaron atrapadas entre los escombros.

Las autoridades confirmaron que se trató de un atentado suicida y declararon la emergencia en varios hospitales de Islamabad, que rápidamente se vieron desbordados por la llegada de heridos.

Entre los fallecidos se encuentran niños, ancianos y líderes comunitarios que asistían a la oración. Afuera de los hospitales, familiares desesperados buscaban información sobre sus seres queridos, mientras médicos y voluntarios trabajaban sin descanso para atender a los heridos. “Escuchamos un estruendo y luego todo fue humo y gritos. Vi a mi hermano caer y no pude ayudarlo”, relató un sobreviviente con lágrimas en los ojos.

La escena refleja el impacto humano de un ataque que no solo arrebató vidas, sino que dejó cicatrices profundas en una comunidad que se congregaba para un momento de fe y unión.

Las autoridades mantienen acordonada la zona del ataque y han desplegado personal administrativo en distintos hospitales para supervisar la atención a los heridos, informó la administración en un comunicado separado.

El portavoz de la policía de Islamabad, Taqi Jawad, confirmó que se trató de un atentado suicida y aseguró que las fuerzas de seguridad están investigando posibles vínculos con grupos extremistas. El gobierno paquistaní condenó el ataque y prometió reforzar la seguridad en lugares de culto, especialmente en mezquitas chiíes, que históricamente han sido blanco de violencia sectaria.

Este atentado revive los temores de un repunte del terrorismo en Pakistán, un país que en los últimos años ha enfrentado ataques de grupos como el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y facciones vinculadas al Estado Islámico.

El presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, expresó sus condolencias por las víctimas y afirmó que “atacar a civiles inocentes es un crimen contra la humanidad”, según un comunicado difundido en X.

Por su parte, el primer ministro, Shehbaz Sharif, expresó su profundo pesar por las muertes y ordenó una investigación exhaustiva para identificar de inmediato a los responsables, informó su oficina.