Un fuerte terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia el pasado 10 de agosto, dejando un saldo devastador de 239 muertos, 3.755 heridos y 287 desaparecidos. El epicentro se registró en San José del Palmar, Chocó, y el impacto se sintió con fuerza en departamentos como Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Antioquia, donde se reportaron colapsos de viviendas, hospitales y vías principales.
Las autoridades nacionales declararon desastre nacional y activaron el Comité de Manejo de Emergencias para coordinar la atención. En ciudades como Pereira y Manizales se registraron graves daños en la infraestructura hospitalaria y educativa, mientras que en Cali y Quibdó se reportaron derrumbes y cortes de servicios básicos. Los equipos de rescate trabajan día y noche en la búsqueda de sobrevivientes, en medio de más de 60 réplicas que han complicado las labores.
La tragedia ha generado una ola de solidaridad internacional. Países como México, España y El Salvador ofrecieron apoyo inmediato, mientras la Unión Europea activó el sistema satelital Copernicus para monitorear las zonas afectadas. El presidente Abelardo de la Espriella anunció la instalación de un Puesto de Mando Unificado en Pereira y pidió a la ciudadanía calma y colaboración, en un momento crítico que marca uno de los desastres naturales más graves en la historia reciente de Colombia.
