Decenas de manifestantes indígenas irrumpieron en la sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), en la ciudad amazónica de Belém, Brasil, y se enfrentaron con los equipos de seguridad del evento. La protesta, protagonizada por miembros de comunidades amazónicas, exigía mayor acción internacional frente a la crisis climática y el respeto a los territorios ancestrales.
Los manifestantes, algunos portando bastones ceremoniales y pancartas con lemas como “Nuestra tierra no está en venta”, forzaron su entrada al recinto donde sesionaban delegados de más de 190 países. En medio de empujones y gritos, el personal de seguridad improvisó barricadas con mesas y sillas para contener el avance. Un policía fue evacuado en silla de ruedas tras el altercado.
Gilmar, líder de la comunidad Tupinambá, denunció que las políticas climáticas globales siguen ignorando el impacto directo del agronegocio, la minería ilegal y la deforestación sobre los pueblos indígenas. “No queremos discursos, queremos tierra libre de destrucción”, declaró ante medios locales.
El incidente, aunque breve, evidenció la creciente frustración de las comunidades originarias frente a lo que consideran una exclusión sistemática de los espacios de decisión climática. La ONU no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre el hecho, pero organizadores locales señalaron que se reforzarán los protocolos de seguridad.
La COP30, que se celebra del 10 al 20 de noviembre, ha sido presentada por el gobierno brasileño como una oportunidad histórica para reposicionar la Amazonía en el centro de la diplomacia ambiental. Sin embargo, la protesta indígena revela las tensiones persistentes entre los compromisos internacionales y las demandas territoriales no resueltas.
