La tensión militar en Medio Oriente ha escalado a niveles críticos este sábado, tras un enfrentamiento directo entre fuerzas navales de Estados Unidos e Irán que amenaza con desestabilizar las rutas energéticas globales.
El Mando Central de EE.UU. (Centcom) confirmó que destruyó e inutilizó tres petroleros pertenecientes a una red clandestina de financiamiento de la Guardia Revolucionaria iraní (CGRI). La acción militar ocurrió en respuesta a ataques fallidos con misiles contra buques de la Marina estadounidense, incluidos un destructor y un portaaviones, que lograron eludir las agresiones sin registrar bajas militares.
Dos de las embarcaciones iraníes fueron interceptadas frente a la costa de la isla de Jarg y otra en el golfo de Omán; dos de ellas quedaron inhabilitadas permanentemente y la tercera, que navegaba sin carga, fue destruida. «No dudaremos en defender a las fuerzas estadounidenses y, de ser necesario, destruir la limitada y vulnerable flota petrolera de Irán», advirtió el comandante del Centcom, almirante Brad Cooper.
El choque se produce apenas un día después de que el presidente Donald Trump restara importancia a las hostilidades calificándolas de «asunto menor», en el marco de una guerra intermitente que ya arrastra seis meses de escalada desde los bombardeos del 28 de febrero en el estratégico Estrecho de Ormuz.
En paralelo, el Mar Rojo experimenta un violento recrudecimiento. En Yemen, feroces combates en el suroeste del país entre fuerzas gubernamentales apoyadas por Arabia Saudita y los rebeldes hutíes proiraníes dejaron más de 60 muertos este sábado; 26 militares y 31 rebeldes, sumándose a la trágica cifra de 129 fallecidos del viernes. Además, un ataque con misiles impactó contra un autobús en Taiz, matando a seis civiles e hiriendo a otros siete, consolidando una jornada sumamente sangrienta para la región.
