Colombia decidió retirarse de la demanda que Sudáfrica adelanta contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en la que se acusa al Estado israelí de cometer actos de genocidio en Gaza. La Cancillería confirmó que el país ya no hará parte del proceso, argumentando que la decisión responde a una revisión de la política exterior y a la necesidad de replantear su rol en litigios internacionales.
El anuncio generó inmediatas reacciones en el ámbito político nacional. Algunos líderes respaldaron la medida, señalando que Colombia debe priorizar sus propios intereses diplomáticos y mantener relaciones estratégicas con Estados Unidos e Israel. Otros, en cambio, criticaron el retiro, asegurando que el país pierde la oportunidad de respaldar una causa humanitaria y de mostrar coherencia en la defensa de los derechos humanos.
Analistas internacionales advierten que la decisión podría tener implicaciones en la imagen de Colombia en escenarios multilaterales. Mientras sectores oficialistas insisten en que se trata de un acto de pragmatismo diplomático, voces opositoras consideran que el país se aleja de una postura de solidaridad con las víctimas del conflicto en Gaza. El debate refleja la tensión entre la política exterior tradicional y las presiones de la coyuntura internacional.
